Para
aquellos italianos
inmigrantes
incansables
el
trabajo y el ahorro
eran
metas superables.
Llegaron mostrando humildad
dispuestos a hacer prosperar,
a unas tierras deshabitadas
pero
con mucho para dar.
Los
criollitos a los gringos
los miraban con desazón
después
se conocieron
y
surgió la admiración.
Motivados
por la caza
compartieron
experiencias,
y poder relacionarse
no fue ninguna ciencia.
Disfrutaban
compartiendo,
empanadas y puchero,
macarrones, chorizos,
salame y hasta chicharrones.
Las
diferencias desunen
pero
ellas enriquecen,
cuando
el encuentro se da
y
los valores aparecen.