Lejos, muy lejos
entre el horizonte y el viento
unos ojos estaban llorando
sin ningún consuelo.
Llorando la pasaban
por una amistad y una blanca paz,
buscando un lugar donde descansar.
Hoy, esos ojos no lloran más
porque a alguien han de mirar
y cuando miran su blanca paz
pueden descansar.
Los ojos del italiano
estaban esperando a un amigo,
para que le ponga el hombro
para que vayan consigo.
El hombro del argentino llegó
lleno de amor y cariño.
Él le dijo: “no llores amigo
que ya estas conmigo”.
No importan fronteras
no importa el lugar,
no existen barreras
para poder llegar.
Hay que sentir que el alma vuela
y también, que el corazón lo quiera.
La historia es sencilla
ambas culturas
están unidas por una razón,
y es que ambas saben amar,
las dos con el corazón.