Introducción:
Inmigrantes, personas que sufrieron las inclemencias
del frío y las tempestades, meses de espera
sobre un barco cayéndose a pedazos en el medio
del océano. Pero sobre todo sintieron el desarraigo
de la tierra natal, la separación de la familia,
los amigos.
Algunas personas los consideran “indeseables”
otras como ayudantes de trabajo, pero son poco los
que los ven como lo que realmente son: Personas.
Giorgio,
El inmigrante
Todo empezó en aquellos años de crisis,
los viajes hacia otras tierras ya eran permanentes,
acá, en Argentina, ya se comenzaba a sentir
la diferencia de extranjeros y argentinos. Una nueva
cultura había llegado al país, bueno,
más de una. Italianos sobre todo, pero había
alemanes, franceses, suizos, gente de muchas tierras
lejanas llegaba a la nuestra.
Nuevos negocios y tiendas abrieron. Aquí, a
dos cuadras, se inauguró un restaurante italiano
con pastas caseras propias de ese país, ¡era
riquísima la comida!
Gabriel, un chico de 11 años, al escuchar las
historias que su abuelo le contaba, se entusiasmaba
mucho, pero con la historia de Giovanni “El
inmigrante” se quedó más que entusiasmado,
el tema le interesó, lo apasionó. Cuando
quiso saber más sobre la historia, Giorgio,
su abuelo, le dijo: “tu sei muy chico per comprender
questo”.
Gabriel, que iba a la escuela Dante Alighieri logró
entender, con un poco de dificultad, las atravesadas
palabras de su abuelo. Aún así, quedó
insatisfecho, quería saber más, por
eso, buscó en Internet. Encontró cientos
de páginas de los inmigrantes y para los inmigrantes,
pero aún con la gran comunicación que
Internet aporta, no podía encontrar aquella
historia que tanto le había gustado.
Giorgio, asombrado por el afán que su nieto
le había puesto a la búsqueda, fue a
su armario y sacó un viejo libro que daba la
impresión que algún tiempo atrás
estuvo mojado, sacudiendo el polvo y sosteniendo el
lomo que se descosía, se lo entregó
a Gabriel y le dijo: “sei muy chico pero capire,
pero hai molta curiosità, leggelo bene e tieni
cuidado, si sale il lomo”
El chico, contento, feliz, se sentó en la mesa
y con mucho cuidado abrió el libro y lo comenzó
a leer
Al día siguiente lo terminó, Giorgio
cuando vio esto pensó: “muy piccolo,
muy piccolo”
Gabriel, tal cual como su abuelo había predicho
no entendió muy bien el significado del cuento
ni su contenido. Pues, su abuelo se lo había
contado de manera que él comprendiera (salvando
las confusiones idiomáticas) pero a Gabriel
le gustaba la forma en la que su abuelo lo narraba,
el cuento le interesaba pero no lograba entender por
completo el porqué de la guerra, ¿Por
qué emigraban? Había crisis, sí,
pero… ¿no podían empezar de nuevo?
¿Por qué venían más italianos
si la guerra era mundial? Si era mundial, ¿Por
qué no peleaban TODOS los países?
Las preguntas del pequeño eran muchas. Con
el tiempo fue entendiendo todo, los barcos en malas
condiciones, los largos viajes y el porqué
de de sus preguntas. También comprendió
que el verdadero nombre de Giovanni “El inmigrante”
era Giorgio “El inmigrante”, ya que ese
libro había sido escrito por su abuelo en el
viaje en barco desde Italia hasta Argentina.
Gabriel, todavía siendo joven, sufrió
con mucha lástima la muerte de su abuelo recordando
sus historias, algunas las contaba muchas veces y
a Gabriel no le gustaba mucho, pero ahora, siendo
padre, ahora que ya no es “muy piccolo”,
cuenta la historia de Giorgio “El inmigrante”
a su hijo, Giovanni.
El joven entendió el porqué de la repetición
de las historias de su abuelo. Giorgio contaba sus
aventuras muchas veces, no para llamar la atención,
sino para que cuando el muera sus anécdotas
le sobrevivan y entonces así, sería
inmortal.
Aunque para muchos era solo un “viejo pesado”,
para Gabriel era una raíz de su vida, pues
él nunca lo olvidaría.