Colegios  
VI CONCORSO LETTERARIO ACIAU 2008
CUENTO EN CASTELLANO
1 PREMIO

Seis meses y una historia

Seudónimo
Juana

Dante Alighieri

Esperanzas, sueños, ilusiones. Pequeñas gotas de agua salada que caen y se mezclan con el mar. Miedo, impaciencia. Un futuro incierto, extraño y desconocido. Suena una campana. El blanco humo del vapor se intensifica. Es la hora, nuestro éxodo comienza.
“Todos a bordo”, grita un hombre de barba blanca y ropajes poco habituales para un marinero. Abordamos el pequeño barco a vapor (con la pintura gastada y las maderas astilladas); cargados con cientos de maletas y bolsos, todo lo que teníamos lo llevamos con nosotros, no queremos dejar nada olvidado, no queremos olvidar nuestro hogar. Y partimos, en busca de nuevos horizontes, con sueños muy diferentes de una vida mejor. Serán seis largos meses los que deberemos afrontar, pero lo lograremos; y cada día, al ver el sol ocultarse para volver a renacer el día siguiente, será una batalla más que tendremos la certeza de haber ganado.
Ya han pasado más de dos meses en este lugar, los corazones ya no lloran cada vez que ven hacia atrás, pues ahora no hay ninguna tierra a cual dedicarle una lágrimas; sólo está el mar, que nos encamina hacia un nuevo mundo.
Las risas de los niños están presentes a cada instante; tan puros y sencillos, en sus corazones ya se ha curado esa pequeña herida que causó a todos el marcharse. Pero nunca falta ése uno u otro, que pregunte a su madre, ¿cuándo regresaremos?; y que provoque un sollozo, acompañado de una muda caricia y un beso.
En estos cuatro meses de trayectoria, el milagro de la vida no ha dejado de hacerse presente. Tres nuevas personitas han llegado para alegrarnos y dos han partido para afligirnos. Ya no somos los mismos que partieron de ese pequeño puerto de Italia; muy pocos son los que aún pueden recordar la fragancia de la hierba fresca en la mañana, la sensación del rocío sobre la piel, el aroma de las flores silvestres de las montañas. Todo eso que alguna vez, fue nuestro hogar, y que hoy es sólo un recuerdo.
Ya con cinco meses, todos empiezan a emocionarse, a tan sólo treinta días de nuestro destino, todos continuamos preguntándonos lo mismo que nos preguntábamos antes de partir: ¿qué nos esperará cruzando el mar?
Nadie puede imaginarse ese país, al que llaman Argentina, con sus grandes montañas, sus amplios campos, sus grandes ciudades; ese país tan generoso que nos abrió los brazos.
Y al final, heme aquí, a dos días de mi destino, el corazón se me acelera, las ganas de abandonar este pequeño barco que fue mi hogar por tantos meses y adentrarme en las tierras del nuevo mundo. Poder respirar al fin un aire que no tenga ese gusto salado tan particular que tiene el aire del mar. Poder volver a sentir la tierra firme, y no estos vaivenes tan incómodos del barco. Poder oír el canto de las aves, en lugar del armonioso pero indiferente sonido de las olas.
Hoy es el día, se avista tierra, unas grandes playas y un inmenso puerto (el puerto de Buenos Aires según me dijeron); pero, ¿qué es esta tierra, en la lejanía tan similar a nuestra amada Italia?, ninguno puede evitar condolerse. Las lágrimas arrasan nuestros ojos, y los recuerdos vuelven a surgir.
Y ya estamos en el puerto, descendiendo, uno por uno, nos agrupan, y el hombre de la blanca barba se dirige hacia un oficial, con el cual entabla una conversación. Durante su charla, resalta una palabra particular, esa palabra a la que tanto le temíamos, esa palabra que selló el hecho de que nunca formaríamos realmente parte de esta patria; nadie más la escucha, sólo yo.
Un sentimiento gris invadió mi corazón y una intensa angustia se apoderó de mí.
Los inmigrantes nos llaman ellos, los desarraigados somos…

de Florencia Vanina Rigo