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VI CONCORSO LETTERARIO ACIAU 2008
CUENTO EN CASTELLANO
MENCION

Amanecer

Seudónimo
Blue

Union y Benevolencia Dante Alighieri - Casilda

Aunque el sol brillara más que nunca, y el viento soplara como una caricia… Los árboles simplemente no reverdecían, las flores no cambiaban sus colores. El cielo era tan gris y la nieve tan espesa, como la tristeza en los ojos de las familias, sin alguna esperanza que prevaleciera.
Todo, excepto Aldo, creían que nada iba a mejorar. Él peinaba a quiénes deberían partir, a perder suspiros… por una razón no incumbente a sus vidas. Peluquero de toda una ciudadela, soñaba con un cielo de alegrías, ilusiones, una casa grande, platos repletos de abundante comida a la hora del almuerzo y la cena, todo esto para sus hijos. Corazones sin miedos, calles limpias donde jugar y ver crecer, tal vez, el retoño que con su amada juntos plantaron.
Sus deseos se cumplirían, si lograba salir de allí. En una tierra rica, lejana, cubierta de colores y aromas nuevos, con personas cálidas. Una cultura diferente. Ese paraíso prometido, tenía un nombre, claro que sí, se llamaba Argentina.
El 18 de Abril de 1950, abordaron el barco con destino a las Américas. Cuatro ánimas multicolores en busca de oportunidades, se destacaban entra la empobrecida muchedumbre. En Julio de ese mismo año desembarcaron en el puerto de Buenos Aires, y esos detalles que habían pasado desapercibidos, en ese instante, se hacían notar.
Cientos de hombres y mujeres de la alta sociedad, rebosantes de clase y buenos modales, los miraban de reojo y reían por lo bajo. Aún así no escondía su sonrisa. Agarraba con más entusiasmo la manito de su hijo, y besaba con dulzura le mejilla de su mujer. Mas tarde notaron como el ambiente cambiaba, los caminantes vestían menos colorido, sus miradas se encontraba perdidas. ¿Era ese su destino? Claro que no, él había prometido a Quinta, su esposa, algo mejor de lo que habían dejado atrás.
Aldo debía aprender a comunicarse y desenvolverse en esta jungla desconocida. No conocía de memoria los recovecos de esta ciudad. Tenía miedo, pero no existía en su vocabulario “dar marcha atrás”. Conseguir una casa donde cobijar a sus hijos, Bruno y Patricia, su naciente razón para no dejar de soñar.
Enamorado perdidamente de su mujer, a sólo un mes de llegados, cumplía con su promesa. Se mudaron a Santa Fe, vivieron en una casa con tantos pasillos como laberinto de Alicia; mágica, espolvoreada de amor. Todo parecía ir como lo habían planeado.
Peluquero exitoso resultó en el barrio centro santafesino. Encontraron amigos rápidamente en la familia de la casa contigua, los Amado, quienes les abrieron camino al nuevo mundo y los recibieron como si fuesen familias anteriormente separadas.
Ahora el sol brillaba más que nunca, el viento soplaba como una caricia. Los árboles reverdecían, las flores cambiaban de colores con la estación del año correspondiente… El cielo azul y miradas seguras. ¿Era esto un sueño? Si así lo era… no quería que lo pellizquen, ni tratar de prender la luz, o limitarse a volar. Simplemente no quería despertar.
No dejó de levantarse cada día orgulloso, para despertar a sus hijos con alegría. Volver del trabajo, saludar a su mujer, que tanto lo ayudó. Antes de ir a dormir, observaba a su bebé, sonreía, miraba a su hijo y no podía evitar, que su corazón comenzara a exaltarse. Las lágrimas brotaban como en un niño. Pero era feliz. Lo había logrado.

de Maria Virginia Amado